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Realismo científico
Como casi todas sus demás posiciones filosóficas,
el realismo que plantea Mario Bunge es franco y audaz, especialmente
si se tiene en cuenta la difusión de los escepticismos de
diverso cuño en las últimas décadas. Como otros
autores, Bunge distingue tres matices de realismo, uno ingenuo,
otro crítico y uno científico. El realismo bungeano
es de este último tipo y se caracteriza por ser una conjunción
de siete realismos que abarca prácticamente todo su pensamiento
filosófico, de allí que también le valga el
nombre de realismo integral. Más importante aún es
que estos diferentes aspectos del realismo bungeano se encuentran
enlazados entre sí por diversas relaciones, de tal modo que
constituyen un sistema. De allí que Bunge llame también
hilorrealismo (o hylerrealismo, del griego hyle, material,
materia) a su especial versión del realismo científico,
porque siempre va de la mano de la tesis ontológica materialista.
El hilorrealismo de Bunge también es sistemista en lo ontológico,
en lo gnoseológico y en lo emergentista.
Hay, sin embargo, algunos ámbitos en los que Bunge defiende
posiciones diferentes al realismo. En filosofía de la matemática,
por ejemplo, opta por un ficcionismo moderado, en la estética
lo considera solo una corriente más o, incluso, una perspectiva
conservadora, y en política (Realpolitik) lo
rechaza de plano por considerarlo otro nombre para el cinismo político.
Los aspectos en que Bunge profesa el hilorrealismo científico,
uno de los ejes principales de su vasta obra, son: (i) ontológico,
(ii) gnoseológico, (iii) semántico, (iv) metodológico,
(v) axiológico, (vi) moral y (vii) praxiológico.
Antes de pasar a describir los diferentes aspectos del realismo
científico de Bunge, conviene advertir al lector que, tal
como lo sugieren los párrafos siguientes, se trata de una
concepción muy alejada del realismo "ingenuo" o
de sentido común, tan alejada como lo puede estar la ciencia
del conocimiento ordinario. Según Bunge, la ciencia describe
y explica (a) aspectos seleccionados de los hechos que le interesan
y (b) lo hace de manera simbólica (no pictórica).
Más aún, para esta tarea resultan fundamentales las
teorías científicas, que no se refieren a los hechos
reales directamente, sino que lo hacen de una manera elíptica,
indirecta, puesto que siempre hay de por medio un modelo más
o menos idealizado de esos hechos. En resumen, el realismo científico
es tal porque consigue "captar" ciertos aspectos objetivos
de la realidad que nos rodea, en particular las relaciones invariantes
[descritas, típicamente, de manera matemática por
enunciados legales (o leyes)] entre variables que describen de manera
simbólica (habitualmente cuantificada) aspectos seleccionados
de clases de hechos que resultan de interés científico.
Realismo ontológico
Bunge sostiene que el mundo exterior a la mente del sujeto existe
por sí mismo. En consecuencia, se opone al idealismo ontológico,
es decir la escuela que sostiene que lo único existente son
los contenidos de la mente del sujeto. El realismo ontológico
también se opone al constructivismo, que sostiene que la
realidad es una "construcción social". Queda bien
claro, pues, que Bunge distingue entre las cosas (objetos reales
o concretos) y lo que a ellas les acontece (hechos), por un lado,
y las ideas (objetos conceptuales) entre las que se cuentan los
datos, hipótesis, modelos y teorías científicas
que tratan acerca de los hechos, por otro. El autor ofrece dos tipos
argumentos a favor del realismo ontológico, pero aclara que
la ciencia no prueba la existencia de la realidad, sino que, y lo
considera más importante aún, la da por supuesta.
Por un lado, están los argumentos que podríamos llamar
generales, por otro, los provenientes de las ciencias particulares.
De los primeros, dice, el más difundido es el del éxito
de la ciencia y la tecnología. Ambos tipos de éxito
(uno gnoseológico y otro pragmático) constituyen un
indicio de que allí fuera hay algo más
que nuestras ideas, pero la posibilidad de percibir o manipular
los objetos que nos rodean, no nos ofrecen argumentos convincentes
contra el antirrealismo. El argumento general más importante,
afirma Bunge, tal vez sea el que ve en el error un indicador de
la existencia de un mundo independiente. La razón que ofrece
es que un subjetivista podría explicar fácilmente
por qué los científicos aciertan: porque construyen
el mundo (fenoménico). En cambio, ¿cómo explicará
un subjetivista las discrepancias entre las teorías o hipótesis
y los datos?. Los argumentos de las ciencias particulares provienen
de cuatro campos: física, biología, neurociencia cognitiva
e historia. La física muestra la existencia de cosas concretas
porque todas sus leyes fundamentales, entre ellas la segunda ley
del movimiento de Newton, son invariantes respecto de ciertos cambios
en el marco de referencia. En particular, un cambio de observador
no modifica la descripción que ofrece la ley. La biología
apoya al realismo al afirmar que todo organismo necesita nutrientes
y energía (externos) para subsistir y desarrollarse y comenta
Bunge que eso incluye a las bacterias y los filósofos
subjetivistas. El argumento neurocientífico se basa
en el descubrimiento de que el cerebro necesita estímulos
externos para desarrollarse normalmente, tal como han mostrado experimentalmente
los premios Nobel Hubel y Wiesel. Finalmente, el argumento que surge
de la historia es el siguiente. Las ciencias históricas dan
por sentado el pasado, es decir y suponen que su estudio no permite
modificarlo.
Realismo gnoseológico
Esta posición, que presupone al realismo ontológico,
se compone de dos tesis: (a) que la realidad es cognoscible (o sea,
que puede describirse y comprenderse), (b) que nuestro conocimiento
de ella no es perfecto y (c) que ese imperfecto conocimiento puede
mejorarse. Más precisamente, la tesis (b) puede subdividirse
en tres subtesis: el conocimiento fáctico es incompleto,
indirecto y falible. De tal modo, se opone a los escepticismos más
o menos radicales, lo que incluye diversos relativismos y al fenomenismo.
La tesis (b) distingue al realismo bungeano del realismo ingenuo,
que no reconoce problema alguno en el acto de conocer.
La incompletitud de nuestro conocimiento de la realidad radica
en que ese conocimiento siempre se construye sobre aspectos seleccionados
de los hechos de interés. En otras palabras, las variables
que se tienen en cuenta para describir un hecho son solo algunas
de las muchas posibles, más precisamente aquellas que se
consideran pertinentes para la descripción general, explicación
y predicción del hecho dado. En consecuencia, el conocimiento
científico es abierto y no puede ser completo. Así,
por ejemplo, un pión se describe por medio de su masa, de
su vida media y del hecho de que generalmente se desintegra dando
lugar a dos fotones gama, no de todas las variables posibles.
El conocimiento científico tampoco es directo. La razón
de ello es que las teorías científicas (una vez interpretadas)
se refieren de manera inmediata a un modelo idealizado del sistema
cuyo comportamiento se pretende describir, explicar y predecir,
no a la realidad. Las teorías solo se refieren de manera
mediata o indirecta a los hechos. Así pues, en ecología,
el modelo de Lotka-Volterra describe el comportamiento de un sistema
de dos especies (competidoras o predador y presa) en un entorno
constante, lo cual constituye una idealización. Los sistemas
ecológicos son mucho más complejos que lo supuesto
por el modelo y, por lo general, en ellos el entorno dista de ser
constante. De modo semejante, una importante parte de la realidad
estudiada por las ciencias es inobservable, ya sea por nuestras
limitaciones tecnológicas actuales o en principio. El paleontólogo,
por ejemplo, nunca ve los animales extinguidos que estudia, por
no mencionar su comportamiento. Solo tiene contacto directo con
algunos fósiles y otros vestigios. Tanto la anatomía
como la fisiología y el comportamiento de los organismos
paleobiológicos tienen que ser reconstruidos por medio de
una compleja trama epistémica en la que se entretejen el
conocimiento previo, la experiencia, la razón y la imaginación
de los investigadores.
Finalmente, la falibilidad del conocimiento científico viene
dada por la imposibilidad de verificar o refutar de manera concluyente
las teorías científicas. Por un lado, está
el problema de la inducción y la falacia de afirmación
del consecuente, popularizados principalmente por Karl Popper. Estos
conocidos problemas impiden la verificación definitiva. Por
otro lado, la ineludible intervención de supuestos metafísicos
e hipótesis subsidiarias y auxiliares en las puestas a prueba,
elimina la posibilidad de alcanzar tanto verificaciones como refutaciones
concluyentes. No hay más que echar un vistazo a la historia
de la ciencia para advertir que la mayoría de las teorías
científicas acaban mostrando que son erróneas en alguna
medida. Pero Bunge no deja solo al falibilismo, una posición
escéptica, sino que lo complementa con un ismo
optimista, la tesis (c) o meliorismo, es decir la idea de que las
hipótesis y teorías científicas pueden mejorarse.
En otras palabras, el meliorismo sostiene que esas ideas científicas
parcialmente erróneas pueden corregirse para aproximarlas
más a la verdad (la tesis meliorista también es parte
del realismo semántico, como veremos a continuación).
El realismo semántico
El realismo semántico está compuesto por tres tesis:
(a) que algunas proposiciones tratan de hechos (y no solo de ideas),
(b) que algunas de esas proposiciones fácticas son aproximadamente
verdaderas y (c) que toda aproximación a la verdad es perfectible.
La tesis (a), sobre la referencia de las proposiciones científicas,
se apoya en toda una teoría de la referencia desarrollada
por Bunge en el primer volumen de su célebre Tratado
de filosofía. Los referentes genuinos de una teoría
(sistema hipotético deductivo de proposiciones) se descubren
identificando los predicados fundamentales de esa teoría,
analizándolos y mostrando cuál es su papel en las
leyes de la teoría. Solo se considerarán referentes
genuinos de la teoría aquellos hechos descritos por variables
incluidas en las leyes de la teoría de interés. Así,
por ejemplo, la aplicación de esta teoría a la mecánica
cuántica indica que esta no se refiere a sujetos de ningún
tipo (pues no aparecen en sus leyes) y que la interpretación
de Copenhague de la misma es errónea. La tesis (b) se afirma
en la teoría de la verdad como correspondencia, a la que
Bunge considera en el camino correcto, aunque de momento vaga, incompleta
en tres aspectos: (1) en lo referente a las proposiciones negativas
y generales, (2) porque no hace lugar a las verdades parciales y
(3) porque no tiene en cuenta la importancia de la coherencia externa
(o sistemicidad) de las proposiciones. Pero quizá lo más
sorprendente de la teoría de la verdad de Bunge es que los
valores de verdad de las proposiciones solo emergen con la puesta
a prueba. Es decir, las proposiciones no poseen un valor de verdad
inherente, sino que este les es atribuido tras las comprobaciones
pertinentes y puede cambiar en el curso de la investigación:
una pizca de constructivismo se justifica respecto de
los constructos
. Finalmente, la tesis (c), también
llamada meliorismo ya fue comentada en el punto
Realismo metodológico
El realismo metodológico posee dos componentes: el cientificismo
y la exigencia de controlar empíricamente y racionalmente
las ideas sobre la realidad. El cientificismo en versión
bungeana (diferente de la de Hayek o Habermas, por ejemplo) es la
tesis de que la estrategia más eficaz para "explorar
el mundo" es el método científico. Esta afirmación
o, mejor dicho, el énfasis de la misma, distingue al realismo
bungeano de otros realismos críticos que no ven en el método
científico la única herramienta cognitiva posible
o una particularmente que resulte ventajosa. Por otra parte, su
cientificismo le ha valido a Bunge numerosas acusaciones de positivista
provenientes, principalmente, del campo de las humanidades. En cuanto
al método científico, otro tema central en gran parte
de las obras es este autor, se trata de una estrategia general de
adquisición de conocimiento sobre la realidad que involucra
tanto la experiencia, como la razón y la imaginación.
Los ejes principales de su práctica son, sin duda, las teorías
fácticas, es decir los sistemas hipotéticos deductivos
de proposiciones con los que los científicos intentan describir,
explicar y predecir el comportamiento de los sistemas en los que
están interesados. Aspectos importantes del método
son que esas teorías no surgen de la experiencia por medio
de procedimientos inductivos, sino que en estos desarrollos interviene
de manera importante la creatividad del científico. Las proposiciones
conjeturadas y controladas desde su nacimiento por la coherencia
externa (sistemicidad o compatibilidad con el conocimiento científico
disponible) luego tienen que ser puestas a prueba contrastándolas
con los datos empíricos provenientes de observaciones o experimentos.
Esta contrastación posee las características de no
afectar solo a una proposición sino a toda una teoría
y, además, de requerir hipótesis auxiliares que relacionen
lo observable con lo inobservable. En otras palabras, las comprobaciones
afectan a las teorías (incluidos sus diversos supuestos)
y requieren la utilización de hipótesis indicadoras.
Un aspecto más del realismo metodológico de Bunge
es que no se contenta con la descripción de regularidades
o incluso de leyes, sino que demanda que tales regularidades sean
explicadas por medio de la descripción de los mecanismos
(procesos específicos) de los que surgen esas regularidades.
Bunge ha llamado a este modelo de explicación científica,
explicación mecanísmica.
Realismo axiológico
El realismo axiológico sostiene la existencia de valores
objetivos: aquellos que están arraigados en necesidades biológicas
y sociales. En consecuencia, estos valores pueden defenderse (y
atacarse) de manera racional y con ayuda del conocimiento científico
pertinente. Son valores objetivos la salud, el conocimiento, la
seguridad, la intimidad y la paz, entre otros. Como esta lista deja
ver, no se trata de valores absolutos, sino que en ocasiones pueden
surgir tensiones o conflictos entre ellos. Por ejemplo, la intimidad
y la seguridad no siempre son igualmente compatibles. Bunge distingue
entre valores individuales (como la libertad) y sociales (como la
seguridad) y entre primarios y secundarios. Un valor primario es
aquel que contribuye a satisfacer una necesidad básica, en
tanto que uno secundario es el que contribuye a la satisfacción
de un interés legítimo (vale decir, uno que no impide
a otros la satisfacción de una necesidad básica).
Bunge rechaza la eventual acusación de cometer una falacia
naturalista (la de confundir el ser con el deber ser) aduciendo
que si bien el ser y el deber ser son diferentes, la brecha entre
ellos puede cruzarse y de hecho se cruza cada día por medio
de la acción: cada vez que realizamos una acción porque
la consideramos un deber. El papel de la acción como puente
entre el ser y el deber ser sugiere un aspecto ingenieril de la
ética: una buena regla moral es, además de otras cosas,
eficiente en la consecución del fin que se propone [véase
el punto (vii), más abajo]. Las condiciones o criterios de
evaluación de una teoría ética también
han sido elaborados por Bunge en diferentes trabajos y son: consistencia
interna y externa, capacidad para explicar códigos morales
viables y utilidad para la realización de reformas sociales
proilustradas, para el análisis de conceptos y principios
morales, así como para la identificación, tratamiento
y resolución de problemas morales.
Realismo moral
El realismo moral afirma que (a) hay hechos morales, así
como (b) afirmaciones morales verdaderas (y falsas). Un hecho moral
se define como un hecho que impone un problema moral a una persona
en una cultura determinada. Un problema moral es el que requiere
de la invención o aplicación de una regla moral para
su resolución. Además, una proposición moral
es verdadera si al ser llevada a la práctica ayuda a mitigar
la miseria o si se deriva de algún principio moral
de nivel superior. (En el caso de la ética bungeana o agatonismo
este principio es Disfruta de la vida y ayuda a otros a vivir vidas
dignas de ser disfrutadas.) Esta dependencia de un principio moral
superior hace que las verdades morales sean relativas (o contextuales
o situacionales), lo que las distingue de las verdades morales absolutas
predicadas, por ejemplo, por Tomás de Aquino. Sin embargo,
esta relatividad de las verdades morales no es la de los relativistas,
pues hay ciertos principios, derechos y deberes que todos los códigos
morales comparten.
Realismo práctico
Finalmente, el realismo práctico consiste en la tesis de
que hay pares medios-fines objetivos, es decir que hay medios objetivamente
más eficientes que otros para lograr un determinado fin.
Sin embargo, puesto que nuestras acciones pueden afectar a terceros,
no podemos guiarnos solo por la búsqueda de la eficiencia,
sino que también debemos tener en cuenta las consecuencias
previsibles de tales acciones. En consecuencia, para ser íntegramente
realista, el realismo práctico tiene que someterse a un principio
de responsabilidad. Un aspecto importante del realismo práctico
es que presupone los realismos ontológico, semántico
y gnoseológico. Al incluir el principio de responsabilidad,
el realismo práctico también supone el realismo moral.
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